Final Fantasy XIII - Ay, ay, ay
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Desde la década de los ochenta, siempre que pensamos en “RPG”, lo primero que se nos viene a la mente, el referente último, es “Final Fantasy”. La última década ha sido especialmente positiva para Squarenix: han desarrollado decenas de juegos, y entre ellos, los maravillosos Final Fantasy VII, VIII, IX, X… Sin embargo, y pese a la buena dirección que habían tomado -en mi opinión hasta la décima entrega-, en Squarenix decidieron cambiar algo.
Final Fantasy XII se presentó como un juego distinto. Un juego con una inspiración superlativa en Star Wars, con personajes poco carismáticos y con un sistema de juego que dejaba bastante que desear. Se sustituyó la pantalla de combate -típica de la saga- por el combate en tiempo real, sin introducciones de ningún tipo, las invocaciones perdieron importancia y se hicieron incontrolables, y la historia… bueno, de la historia mejor no hablar.
Final Fantasy XIII nace con la misión de recuperar el prestigio perdido desde que saliera, allá por 2003, el lapidado X-2. Desde el momento que encendemos la consola, es evidente el intento Squarenix de volver al pasado, pero mejor os iré contando poco a poco.
Ha habido muchísima controversia respecto al aspecto gráfico de esta entrega. Por una parte, en Xbox 360, pese a las promesas, el resultado deja bastante que desear; por otra, no tiene rival en PS3. Aunque los efectos en combate podrían ser mucho mejores -más adelante profundizaré en ello-, las texturas son épicas tanto en los vídeos (a la par con la calidad de Dante’s Inferno) como en el juego.
Reconciliación
Los intentos de reconciliación con los admiradores -que acusaban a Squarenix de destrozar la esencia de la saga- comienzan desde el primer momento. Nada más empezar el juego, conocemos a uno de los personajes principales: Sazh. Sazh es el típico afroamericano de aspecto gracioso, y en el recae toda la parte cómica del videojuego. Podríamos interpretarlo como un Barret puesto a dieta, que nos acerca la chispa de entregas como FFVII o FFIX, bastante menos serias que el resto. Además, su eterno compañero -una cría de chocobo- aparece constantemente para hacernos esbozar una sonrisa delante del televisor. También “Ragnarök” vuelve, pero no os diré qué ni quién es.
Sin embargo, lo que me ha enamorado de Final Fantasy XIII es su historia. Si bien es bastante densa y complicada de captar durante las primeras horas, he de decir que tanto desde el punto de vista de la acción como de la filosofía se hace sublime en cada momento. Aún no he terminado el juego, todavía queda una parte importante, pero desde luego deja a los invencibles FFVII y VIII por los suelos.
Los personajes vuelven a ser tan carismáticos como antaño, aunque sus nombres dejen mucho que desear. Quizá sea por mi futura profesión, pero me habría aventurado a traducirlos. Si bien Cloud (o Squall, o Tidus)era un nombre fácil de pronunciar, no me parece tan cómodo decir “Lightning”, sino que seguramente todos acabemos diciendo “la pava esta…”, “la protagonista…”, “la pelirrosa…”, etc. Prácticamente todos los personajes me parecen un acierto redondo, aunque en algún caso sean demasiado jóvenes como para derrotar a cientos de monstruos hambrientos por sí solos.

Por último, en lo que a este apartado se refiere, Final Fantasy XIII continúa la estela de auto-renovación de la que la saga siempre ha hecho gala. En cada entrega, las invocaciones poseen un nombre distinto, los combates se suceden de formas totalmente adversas, los personajes se desarrollan de maneras tan dispares que parecería que nos hemos cambiado de saga, etc. Mi enhorabuena a los chicos de Squarenix por el valor que le han echado, pero esta vez… creo que, desgraciadamente, sólo han acertado con la voluntad.
Punto de control
Como véis, FFXIII tiene cosas muy buenas, pero ha llegado la hora de rematarlo con un poco de objetividad aplastante. La saga ha cambiado, es un hecho. Agradecemos que mantengan elementos típicos de la saga, pero esta entrega se parece excesivamente a un God of War. Sin ir más lejos, el otro día un amigo entró en mi casa, y al verme jugar, me preguntó: ¿ya estás con el Dante ese otra vez?” Fue duro oírlo, sobre todo para un fan como yo. A partir de ahora, permitidme que termine todos los párrafos con una pregunta.
Sin piedad
Conozco gente a la que le ha gustado el cambio en el sistema de combate, pero en mi opinión se trata del apartado más flojo y con diferencia. El punto más importante de esto es que tan solo podemos controlar a un personaje llamado líder y que va cambiando con el tiempo automáticamente, sin dejarnos la posibilidad de elegir. Si el líder muere en una partida -cosa bastante frecuente-, se acaba el juego, aunque los otros dos estén al cien por cien de energía. ¿Alguien me puede explicar esto?
Pensaréis que es una jodienda morirse tan fácil, pero lo cierto es que Squarenix nos ofrece, sólo en esta entrega, la posibilidad de retroceder en el tiempo hasta antes de comenzar esa pelea en la que hemos muerto. Arcade, arcade y más arcade. ¿Dónde está la tensión de luchar contra Sephirot después de dos horas sin guardar?
Los combates, pese a tener que controlar sólo a un personaje, son un caos. Mil números en pantalla hacen casi imposible ver el daño que has hecho con tu ataque, los luchadores no dejan de moverse por todo el escenario creando una sensación de caos general y da la impresión de que Final Fantasy ha muerto. ¿Puede un Final Fantasy ser un Final Fantasy digno si flaquea en las peleas? Difícil.
Supongo que algunos recordaréis el sistema de “trajes” de FFX-2. Según el equipo que lleves puesto, eres mago blanco, mago negro, luchador, monje, etc. Pues bien, en Final Fantasy XIII también vuelve, camuflado, este sistema de juego. Todos los personajes podrán desarrollar habilidades de diferentes campos, pero sólo podrán utilizarlas según en qué formación se encuentren. Un ejemplo de formación sería: castigador (guerrero), fulminador (mago), sanador (mago blanco).
Dichas formaciones se pueden personalizar desde el menú, aunque me parece un elemento muy poco ágil a la hora de enfrentarnos a enemigos de características desconocidas. ¿Era necesario segmentar aún más las escasas habilidades de las que disponemos? Por lo demás, el sistema de desarrollo tiene gran parecido con el de FFX, aunque un poco limitado y menos atractivo a la vista.
En cuanto a los “eidolones” -nombre que han adoptado las invocaciones en esta entrega-, vuelvo a dudar. El planteamiento es muy original, la forma que tienen de aparecer es incluso emocionante, pero mantiene muchos puntos en común con FFXII: tienen un tiempo límite que se reduce si reciben daño, y su poder de ataque es, a primera vista, lamentable. Si luchamos un rato junto a nuestro eidolón, aumentará una barra llamada “empatía”, y más tarde se transformará en puntos que podremos emplear para realizar ataques especiales en la segunda forma (cuando se transforman en vehículos). ¿Tan malo era FF cuando las invocaciones tan solo dependían de su vida?

Conclusión
Final Fantasy XIII es un juego distinto. Si quieres gráficos de última generación y una gran historia mezclada con toneladas de acción, ésta es tu oportunidad; sin embargo, si eres un purista, tómatelo con tranquilidad y échale un ojo a estos vídeos de Youtube antes de decidirte.
[Puede contener spoilers]
Aún tengo muchísimas dudas con respecto al juego: ¿cómo nos aseguramos de que uno de esos magos/guerreros no jugables no curen a un enemigo que absorba un determinado elemento? A primera vista, parece todo un reto terminar este juego.
En resumen, si tenéis poca experiencia en el mundo FFXIII y una PS3 aburrida (no digo nada de Xbox 360 por el aparente maltrato gráfico que le han hecho… lo cierto es que nos han engañado a todos), es totalmente recomendable. Si os gustaba el Final Fantasy de siempre… conducid con cuidado.

PD: Si ya os habéis decidido a comprarlo, sabed que os vendrá de regalo (y menos mal, porque vaya precio) la posibilidad de inscribirse en un sorteo para participar en la beta de FFXIV, juego que saldrá a la venta antes de Navidad. Además, prometen contenido relacionado con dicho juego para FFXIII una vez ambos estén en las tiendas.





