Dante’s Inferno. Review

Si hay un juego que ha sido lapidado sin descanso desde el momento de su anuncio, ése es Dante’s Inferno. Unos decían que era un título basado simplemente en el morbo; otros, que haría poco más que profanar La Divina Comedia… y no sólo eso, sino que se lo tachó de “copia” de God of War y se atacó a su personaje, que supuestamente carecía totalmente de carisma.

Poco a poco, han ido saliendo nuevas imágenes, y por fin los incrédulos comenzaban a cambiar de parecer. Gráficos a la altura, armas innovadoras, diseños rompedores de personajes y escenarios, y sobre todo, sangre. Mucha sangre.

Y ahora, la verdad.

Dante’s Inferno es, posiblemente, el videojuego con mejor acabado gráfico de la historia. Las secuencias cinemáticas son sublimes -especialmente al principio del juego- y se puede ver cada pelillo de la nariz, cada brillo en el iris… Un auténtico placer. Además, si dejamos a un lado dichos vídeos, su parte in-game es todo un festival de brillos y colores.

En general, Dante’s Inferno utiliza una gama de colores híper realista, lo que les confiere un aspecto épico a las entrañas del Averno. Respecto a los FPS, parecen incluso ser demasiados por segundo, por lo que la tónica del juego es una experiencia rápida y emocionante: sin parangón.

Sin duda, la característica que más hace a Dante’s Inferno destacar es la no censura. Todo tipo de contenido sexual y agresivo se ofrece como nunca antes. No sólo se muestran personajes en topless, sino que también habrá enemigas que nos embauquen con sus encantos, pasando por clítoris monstruosos y atrocidades que nos harán un bonito traje de vómito sin siquiera pedírselo. Es posible que hayan utilizado este recurso para vender creando polémica, pero ¿sabéis qué? En ese caso, se lo merecen.

El protagonista, Dante, ha resultado ser un digno competidor de Kratos. Si bien al principio parecía un soldado normal y corriente, su apariencia ha ido convenciéndonos poco a poco: su pecho marcado con el símbolo de las Cruzadas, su historia personal, su arma…

Al principio, todos nos habíamos creído que su guadaña era una simple extravagancia de los diseñadores, pero no. Dante era un mero soldado encargado de defender Acre, pero en un ataque musulmán a la ciudad, el alabardero tiene que repeler una gran oleada de enemigos. Justo después, en un descuido, lo matan vilmente. No tarda en enfrentarse a la muerte y le arrebata su tan preciada arma (esto ocurre en los primeros tres minutos de juego). A partir de ese momento, la historia se desarrolla, por fin, en el Infierno, donde intentará recuperar a su amada.

El árbol de habilidades es, para no extendernos, Diablesco cien por cien. Habilidades interrelacionadas y separadas en dos esquemas distintos: el sagrado y el impuro (desconozco sus traducciones oficiales, puesto que me lo estoy pasando en inglés). Cada uno puede elegir su camino: condenar a las almas en pena y llegar a ser el guerrero más poderoso, o absolverlas y convertirse en otro con diferentes habilidades, aunque algo menos llamativas.

¿Cómo elegir uno u otro lado del árbol? Ése es el dilema que habréis de afrontar cuando luchéis y dejéis a vuestros enemigos al borde de la destrucción, o cuando os crucéis con personajes célebres, como Poncio Pilato, y tengáis que juzgarlos. Desde luego, la inclusión de estas “celebridades” es todo un aliciente y un detalle para los amantes de la historia.

Además, a las Puertas del Infierno, a Dante se le entregará su primera magia, que podremos ir desarrollando -y también aprender otras nuevas-. Pero hasta aquí puedo leer.

En resumen, Dante’s Inferno es un juego realmente divertido en el que podréis usar combos, magias y habilidades. Está caracterizado por el gran número de monstruosidades y “jefazos” de nivel, realmente impresionantes, y por su decoración única. Las peleas multitudinarias, los cuatro niveles de dificultad (de los que los dos últimos comprenden un desafío en toda regla), la ambientación y la originalidad son las mejores bazas de Visceral Games. No así la falta de un modo multijugador: incomprensible.

Sin duda, recomendado.

- Álvaro Blink

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